Airbnb se mete en el mercado de alquileres temporarios en la ciudad de Rosario

Ofrece a particulares arrendar espacios y ganar un ingreso extra. Un sistema criticado por inmobiliarias y la industria hotelera. En Rosario ya cuenta con más de 130 ofertas con diferentes precios.


Algo está cambiando en el mercado inmobiliario. La plataforma de alquiler de alojamientos Airbnb, destacada por los principales medios de negocios internacionales como la punta de lanza de la economía colaborativa, está modificando rumbos. Y más allá de que en Argentina, y sobre todo en Rosario, se encuentra en fase de incipiente irrupción, lo cierto es que aporta un sistema distinto de alquileres temporarios. Elogiado por miles de usuarios alrededor del mundo y criticado por muchas entidades que actúan en el mercado tradicional.

Hasta hace poco, se hablaba de Airbnb como “el hotel más grande del mundo”, ya que aglutina 800 mil anuncios de propiedades en 190 países, y en Rosario ya cuenta con más de 130 ofertas, que van de 141 pesos el día hasta 1224 pesos .

La gran mayoría de los lugares ofrecidos se encuentran ubicados entre bulevar Oroño, avenida Pellegrini y el río Paraná. Sólo algunos pocos pasan ese límite. Hay un par de propiedades en el macrocentro y una en Arroyito.

Los referentes del mercado inmobiliario rosarino todavía no tienen en claro el grado de incidencia de esta plataforma en la ciudad. Y tienen en estudio, aún sin estadísticas oficiales, los posibles impactos.

“¡Hola, soy ….!”, así suelen presentarse los dueños de las casas que aportan datos de la casa. En tanto, los huéspedes emiten evaluaciones de los lugares que visitan.

Esta plataforma creció muy rápido, sin mover un ladrillo. Su negocio, como en toda la economía colaborativa, se basa en hacer rentable la capacidad ociosa. Ofrece a particulares alquilar sus espacios y ganar así un ingreso extra, y a los huéspedes, vivir una experiencia diferente, más parecida a la “vida real” de los sitios que visitan, por un precio quizás menor al que costaría un hotel convencional.

Ultimamente, merced a un ambicioso cambio de estrategia de negocios, empezaron a llamarla “la agencia de turismo más grande del mundo”: mucho más que alojamiento.

Como Facebook, Google y tantas otras empresas de internet, la gran riqueza de Airbnb no está en sus activos materiales (que son inexistentes) sino en los datos de los 17 millones de usuarios que depositan información en ella.

Con este panorama, muchos se preguntan hasta qué punto se puede clasificar como “colaborativa” una compañía en la que circula tanto capital de riesgo. El debate cuestiona la idea misma del término, “sharing economy”, en inglés; son muchos los que discuten que “alquilar no es compartir”.

Esta descentralización está revolucionando la hotelería. Desde hace años, Nueva York, Barcelona y otras mecas turísticas combaten con herramientas legales esta desregulación del sector, que muchos consideran “competencia desleal”.

Los detractores sostienen que muchas inmobiliarias y grandes propietarios usan Airbnb para enmascarar sus negocios y evadir impuestos. También, que empujan a las ciudades a una transformación acelerada, que elevan el precio de las propiedades hasta hacer imposible la vida de los residentes, y que la marea de turistas perturba los barrios antes tranquilos.

La compañía responde que está pensada para ayudar a los pequeños propietarios a ganar un ingreso extra, y más de una vez movilizó a estos usuarios en manifestaciones a su favor. Además, publicó informes acerca del positivo impacto económico de Airbnb en las ciudades.

Así, con este panorama, ¿Airbnb es bueno o malo para los ciudadanos? Según los entendidos, es bueno porque descentraliza y democratiza el negocio del alojamiento, pero es malo porque acelera procesos y distorsiona los precios. Es bueno porque derrama beneficios económicos a zonas que no suelen recibir turismo, pero es malo si las altera y genera evasión de impuestos.

Como todo en la economía colaborativa, está en una etapa inicial, y llevará años de evolución y de adaptación entre las normas y la economía real.

Desde el punto de vista de los usuarios que dejan los hoteles por Airbnb, el cambio suele sentirse audaz y grato: más cálido y también más económico. Y para los que buscan una experiencia ciento por ciento colaborativa y humana, siempre queda Couchsurfing, la plataforma para dormir en sofás de desconocidos de todo el mundo que ofrecen hospitalidad por el gusto de compartir y conocer gente.

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