Mi experiencia como usuaria del cigarrillo electrónico

Deseo aprovechar la ocasión para escribir un artículo sobre los cigarros electronicos algo más personal que de costumbre. Tras múltiples semanas dedicándome a comentar la tecnología, las peculiaridades y la actualidad del mundo, voy a daros mi testimonio como usuaria de estos dispositivos. Y es que, por estas datas, justo hace un año que llevo gozando de mi cigarro electronico.

En estos 12 meses he pasado de fumadora de un bulto diario a vapeadora prácticamente en exclusiva. Digo “prácticamente” pues algún cigarro usual sí que me he llevado a los labios, si bien más por compromiso que otra cosa. A propósito, de qué forma cambia la percepción del tabaco en el momento en que te quitas el hábito: ese sabor a quemado del humo al que una estaba habituada, ahora me resulta bastante desapacible, sobre todo en las primeras caladas. Seguro que los que alternáis vuestro cigarro electronico con el tabaco tradicional lo vais a haber sentido.

Puesto que bien, el cambio de fumadora a vapeadora se ha hecho apreciar de forma positivísima, y en más de un aspecto. Para comenzar en el bolsillo. Fumarse un bulto al día supone gastarse en torno a ciento cincuenta euros mensuales. Yo, en recargas de liquido para vapear para mi cigarrillo electronico argentina, no dedico más de doce o quince euros por mes (mis preferidos, a propósito, son el eKmel (Desert Ship) y el eMarlbr (USA Mix) ). Incluso sumando el costo de los 2 dispositivos que he comprado a lo largo del año, más algún caprichito que me he dado –un estuche muy mono y un colgante para llevarlo al cuello; una, que es presumida-, sumándolo todo, os afirmaba, creo que habré gastado en estos 12 meses aproximadamente lo que me gastaba en tabaco en un par de semanas.Mi experiencia como usuaria del cigarrillo electrónico

En el tema de la salud, que es lo que de veras importa, ¿qué os puedo decir? Vapear es como parar de fumar a efectos respiratorios. Afirman que tras poco más de una semana sin fumar los pulmones suprimen buena parte del alquitrán amontonado, hasta recobrar cerca de un veinte por ciento de capacidad respiratoria. En mi caso, la substitución del tabaco por el cigarro electrónico fue muy gradual, sobre todo en los primeros un par de meses, en los que todavía proseguía fumándome dos bultos semanales –por lo general los fines de semana-. La cuestión es que no me fijé hasta el momento en que me lo comentó un buen amigo que se había empezado prácticamente al unísono que yo en esto del vapeo: al subir 2 o bien 3 tramos de escaleras, o bien pasear por una cuesta singularmente pronunciada, ya no debía respirar por la boca, me bastaba con el aire que aspiraba por la nariz. La pérdida de “fondo” físico es bastante evidente en todos y cada uno de los fumadores, indudablemente lo vais a haber apreciado. Puesto que bien, cuando hayáis reducido substancialmente el consumo de tabaco, probad a efectuar alguna labor rutinaria que implique cierto esmero y fijaos. Seguro que apreciáis de qué forma os llega más aire que ya antes a los pulmones.

Hay un detalle curioso que he contrastado con otros apasionados al cigarrillo vaporizador: la tolerancia a la nicotina. Cuando comencé me aconsejaron emplear líquidos con una concentración de veinticuatro mg. Era la dosis más acorde a mi consumo de tabaco. Mas tras un año probando unos sabores y otros, y con diferentes cantidades de nicotina, me he estabilizado en líquidos con concentraciones de seis mg. En verdad, los de veinticuatro mg ya no me sientan totalmente bien, me dan cierta pesadez de cabeza. Es curioso como el tabaco tradicional me crea tolerancia (cada vez necesito fumar más) y el cigarro electronico todo lo opuesto, me crea Intolerancia (cada vez soporto menos la nicotina y debo bajar las dosis). Además de esto, este fenómeno, según parece, debe ver con la química y asimismo con el subconsciente. La nicotina es adictiva, mas no es el factor primordial que nos impulsa a llevarnos el cigarro a la boca –ni el usual ni el cigarro electronico-. La dependencia es más sicológica que química, se apoya sobre todo en el ritual, en el acto de manipular el cigarrillo, aspirar y expulsar el humo. Hay un factor en los usuarios de cigarros electrónicos que contrarresta todavía más la ansiedad de la adicción a la nicotina: el tabaco te da la dosis a la que tu organismo está acostumbrado, te quita “el mono”, cierto. Mas cuando estás mentalizado de que debes parar de fumar, encenderte un pitillo asimismo te provoca ansiedad: la de la culpabilidad por la certidumbre de que te estás envenenando poquito a poco. Tal vez dependa de la química de cada uno de ellos, mas creedme si os digo que, en mi caso, saber que cuando vapeo dejo de aspirar cientos y cientos de substancias cancerígenas me da una calma que el tabaco jamás me ha aportado por mucha nicotina que tenga.

En resumen, me parecía interesante saltarme por una vez el guion y contaros mi experiencia como satisfecha usuaria de cigarros electronicos. Mas que conste solo es eso, una experiencia personal. Lo mejor es que hagáis la prueba y le deis una ocasión al cigarro electronico. Os persuadiréis por vosotros mismos de sus ventajas.